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Es una de las figuras argentinas en la liga más importante del mundo de las Artes Marciales Mixtas. Su camino para llegar a la UFC, cómo se prepara para pelear y los deportes de combate en los colegios.

Esteban Ribovics es el claro ejemplo de cómo una tragedia puede transformarse en acción y cambiar la vida. Cuando el salteño tenía 11 años, sufrió la pérdida de su papá, que falleció en un accidente. Entonces, con la autoexigencia de sentir que debía proteger a su familia y la necesidad de sentirse seguro, comenzó a practicar Artes Marciales Mixtas (MMA). Desde ese momento, nada fue igual. Ya ni el básquet ni el rugby generaban lo mismo en "El Gringo" que este brutal deporte de combate, que se convirtió en su refugio. "Me empecé a alejar de esos deportes y se enojaban los profesores conmigo, pero la MMA era lo que me gustaba", recuerda en diálogo con Filo.news en el marco de su pelea ante el polaco Mateusz Gamrot en la UFC 327, transmitida por Paramount+ para la Argentina y toda Latinoamérica.
Son dos caras de una misma moneda las que muestra el oriundo de Tartagal. Es que la pasividad con la que se dispone a charlar en uno de los hall del Hotel Hilton de Miami se contrapone con la fiereza que despliega cada vez que se sube al octágono para un combate. Con la convicción de estar preparado para noquear a sus rivales y aguantar todos los golpes que tenga que aguantar, Ribovics sueña en grande: "Mi sueño es ser campeón del mundo, pero mi sueño más grande es que mi apellido se escuche tan fuerte como el de Messi y el de Maradona".
-¿Cómo fue tu camino hasta llegar a la UFC?
-A los 17 años me fui a Córdoba, donde me empecé a especializar más en MMA, pero también hacía boxeo, Muay Thai, jiu jitsu. Eso me iba haciendo crecer más rápido y haciéndome conocido en Argentina. Después peleé en Perú, conseguí el cinturón (el título vacante de peso ligero de Fusion Fighting Championship). Volví, peleé en un evento en Argentina, gané mi segundo cinturón y eso ya hizo que las grandes ligas me vean, que vean mi récord de 10-0, con el que es mucho más fácil que una compañía grande te llame. Después me vine a Estados Unidos, me tocó brillar en la Contender Series en Dana White, y al año siguiente, fue mi debut en UFC.
-¿Y te adaptaste rápido?
-No, fue demasiado difícil. Como todo el mundo sabe, los primeros contratos de UFC no te dan la suficiente plata para vivir. Entonces me la tuve rebuscar para poder llegar a fin de mes, comer y mantenerme acá. Obviamente, creo que todo eso malo que pasé me convirtió hoy en el guerrero con hambre y garra que soy.
-¿De qué trabajabas?
-Busqué trabajar en un restaurante, de seguridad, dando clases personalizadas a gente. De lo que sea, había que conseguir plata de algún lado.
-¿Cómo se construye un luchador de UFC? Además de la preparación física, también tenés que prepararte mentalmente para subirte al octágono a pelear
-Tenemos psicólogos deportivos, obviamente uno sólo no puede. Tiene que haber alguien que te esté acompañando. En mi caso, tengo a mi esposa, que es mi pilar. Sólo no se puede. Tenés que prepararte mentalmente, tu mente tiene que pasar por momentos malos, cosa de que cuando llegues a ese "momento malo" en una pelea, sepas cómo salir de ese lugar. De eso te vas dando cuenta con el paso del tiempo. Hoy en día lo podés saber porque nosotros ya lo pasamos, pero en mi caso, no me lo habían dicho nunca. Todos tenemos un cosquilleo en la panza, creo yo, de la incertidumbre. Pero esa incertidumbre se acaba en el primer golpe. Es hermoso caminar ahí diciéndote en la cabeza: 'Estoy listo para eso, estoy listo para morir ahí arriba, estoy listo para dar todo'. Es indescriptible, la sensación más linda. Y cuando te levantan la manito, no hay nada que se compare a eso.
-Destacás la importancia que tiene tu familia en tu carrera: ¿No les da miedo cuando subís a pelear?
-Mi mamá no ve las peleas, ninguna. La llevé una vez a una pelea en Córdoba y cuando miré para dónde estaba, mi mamá estaba mirando la puerta, no estaba viendo la pelea. Ella prefiere que pase, que le cuenten el resultado, y una vez que pase, ya la puede ver. Y aún así creo que no la ve. Y menos las mías, porque las últimas tres terminé en el hospital, así que no le gusta nada, pero ya lo acepta. Le costó aceptarlo, pero se dio cuenta que que era lo que quería y lo hacía con ganas, así que una genia mi vieja que me apoyó desde el comienzo aunque no sea lo que ella quería.
-¿Te sentís un referente para las nuevas generaciones?
-Hoy en día creo que sí, por todo lo que he pasado y por todo lo que he logrado hasta ahora. He recibido varios mensajes de gente que me motiva, de que han empezado a entrenar, de que quieren ser lo que yo he logrado ser hasta hoy en día... Así que aunque no me gusta decirlo, en alguna parte creo que sí.
-Hay bastantes prejuicios en torno a las MMA. ¿Qué le dirías a la gente que es un poco reticente a ver este deporte?
-Los deportes de combate en sí te hacen una persona disciplinada y te generan autocontrol. O sea, detrás de toda esa garra que están viendo ahí, hay una persona que entrena y que es demasiado disciplinada y que dedica su vida a perfeccionarse y a ser un atleta. Tenés que ser atleta en todo momento, atleta físico, atleta mental y atleta obviamente en todos los aspectos. Si no lo sos, no son un buen peleador. Sé que es difícil de verlo, pero si respetan el valor que hay atrás del deporte, creo que va a ser más fácil entenderlo. No nos va a pasar de que vamos a quedar muertos ahí, eso no pasa porque estamos entrenados para eso.
-¿Qué valores te enseño este deporte?
-Primero que nada, el compañerismo y el respeto por uno que está más arriba que vos, que es tu coach. También la disciplina, el autocontrol... yo creo que desde que empecé a hacer este deporte me siento seguro.
-¿Qué consejo le darías a los chicos o chicas que quieren empezar a practicar MMA?
-Que lo hagan. Yo creo que hoy en día debería ser obligatorio en los colegios que aprendan algún deporte de combate, ya sea judo, jiu jitsu. No que vayan a las manos porque a veces con la mano cuando sos chico, se ponen juguetones y empiezan a pegar. Pero saber defenderse sin lanzar un golpe, como en el jiu jitsu o el judo, sería genial. Eso evitaría muchos tipos de problemas hoy en día y le daría a los chicos la confianza de enfrentar cualquier tipo de situación. Así que que los padres manden a sus hijos a hacer algún deporte de combate que los va a ser una mejor persona y sacar de muchas situaciones malas.

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