Este domingo 8 de febrero de 2026, más de 11 millones de portugueses comenzaron a votar en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, una instancia que no se daba desde hace décadas en el país debido a que ningún candidato obtuvo más del 50 % de los votos en la primera ronda realizada en enero.
Los dos candidatos en disputa son António José Seguro, del Partido Socialista (centroizquierda), es el gran favorito según encuestas y lideró la primera vuelta con poco más del 31 % de los votos. Y André Ventura, líder del partido Chega, de extrema derecha y discurso populista, obtuvo el segundo lugar en la primera ronda y es el rival en la definición.
La elección se desarrolla en un contexto complejo debido a fuertes tormentas e inundaciones que han afectado gran parte del país en las últimas semanas, provocando daños materiales, cortes de electricidad e incluso pérdidas de vidas humanas. A pesar de ello, los comicios siguieron adelante, aunque en algunas circunscripciones se aplazó la votación para un grupo reducido de electores que quedaron afectados por las inclemencias.
El cargo de presidente de Portugal es mayormente ceremonial, pero tiene poderes clave, como vetar leyes, disolver el Parlamento y representar al país en el exterior. La presidencia también cumple un papel de moderación política en tiempos de división.
Por ello, la segunda vuelta no solo determinará quién sucederá a Marcelo Rebelo de Sousa en la jefatura del Estado, sino que también reflejará la fortaleza del apoyo al centro político frente a las fuerzas más populistas y de extrema derecha en el país.
Las proyecciones previas hasta ahora daban una amplia ventaja a Seguro, con apoyos incluso de sectores conservadores que buscan frenar la expansión del populismo de Ventura.
Los primeros sondeos de salida y resultados preliminares se esperaban para la noche del domingo ofreciendo los primeros indicios de cómo se define esta contienda histórica para la política portuguesa.